¿Sabías que el cuerpo se alimenta de otras cosas que no son precisamente comida?


Vamos a echarnos un clavado en nuestras vidas para poder entenderlo.

  1. Recuerda de esa época súper especial cuando empezabas a salir con tu novio(a) y todo era color de rosa. Todo estaba bien, sonreías, te dolía la cara de tanto reír. La verdad es que sientes en ese momento que flotas y estás de buenas todo el tiempo. ¿Hambre? A qué hora, si estabas babeando por él o ella. Pasan las horas y solo te acuerdas de la comida cuando te rujen las tripas.

  2. Regresa unos años más, cuando eras un chavito que te encantaba correr en el jardín o en la calle con una bicicleta. Recuerda a tus amigos y todas esas risas, jugando a las escondidillas. Te encantaba estar brinque y brinque por todos lados. ¿Hambre? Solo te acordabas de comer cuando tu mamá te gritaba: ¡La comida ya está listaaaa!

  3. Ahora piensa en la escuela o trabajo. Donde estuviste tan picado con un trabajo en especial que te mantuvo despiert